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jueves, 10 de marzo de 2016

Un dios hecho a medida

Decidió dejar que le crezcan los pelos libremente, algún día debería empezar a comportarse como un hombre.
Pero entonces apareció Asa Akira en la PC, con su estrecha vulvita perfectamente depilada, enfundada en cueros y tacones rojos, tan licenciosa… esa película en donde tres tipos con enormes vergas la penetran furiosamente por todos los agujeros hasta lograr dejarla afónica y rellena de leche.
Un cimbronazo. Y casi al mismo tiempo llegaron las pizzas, las empanadas de carne picante, los bifes de chorizo… y galones y galones de vino tinto y galones y galones de cerveza negra y galones y galones de moscato helado.
Y porro… un verdadero peligro.
Preocupado, se preguntó si Dios realmente detestará a las maricas. Claro que Dios no le respondió exactamente eso… ni siquiera supo lo que pensó el creador cuando se sentó a rezar travestido, la minifalda blanca muy cortita, la remerita color sol y los altísimos tacones azules de cuero, como una piadosa putita argentina.
-¿Seré juzgado?- se preguntó, -¿o seré juzgada?… ¿será mi destino perderme, extraviarme, condenarme, terminar como una mariquita del diablo deambulando por el país del caos por toda la eternidad?
No hubo respuesta.
Sin embargo le gustaba Akira. Le gustaba, justamente, por cómo lo hacía, así, tan pero tan sucio.
Y no lograba congeniarlo con la fe, un ser humano es tantas cosas…
Ansiaba integrar todo lo que era y lo que había sido con todo lo que sentía, sin doblez, en un estado de total libertad y de fe idealista. Claro que, eso, era un Dios hecho a su medida, como le dijo su amiga protestante no sin cierta condena. Y él sabía que el juicio y la condena era la regla en este mundo.
Y el Dios oficial, un militar, picana en mano.
Su mujer, en cambio, lo aprobaba. Le gustaba llegar a casa y encontrarlo cocinando o fregando los pisos subido arriba de sus tacones amarillos. Y él estaba convencido que, de ser mujer, sería lesbiana, y su mujer, su mujer.
No era puto, era otup.
Elucubró y elucubró hora tras hora, día tras día, mes tras mes, año tras año, desde la temprana adolescencia hasta la informe adultez.
Finalmente tuvo un vislumbre, un samadhi, y al fin cambió de opinión.
-Al carajo- se dijo, -voy a depilarme otra vez.

jueves, 26 de febrero de 2015

Un diablo en la vidriera

Me encontré con el diablo mientras caminaba por Ballester rumbo al gulash de "La Hungaria".
Como aquel que ganaba la vereda de la lejana y caliente Villazón, este diablo era un diablo femenil,
y estaba detenido, de pié, en una vidriera cualquiera.
Al principio sentí temor, pero luego su cara de desconcierto y su evidente soledad convirtió ese miedo en lástima.
Me acerqué. Este diablo de labios morados y enrulada cabellera marrón vestía una capa roja -de diablo, claro- un par de cuernos muy rojos brotaban de su coronilla y, debajo de la capa, lucía un ajustado portaligas negro con medias bucaneras de anchas puntillas.
Llevaba tacones muy altos en los pies... y un precio en cada prenda.
-¡No te acerques!, me gritó en un siseo viperil -¡soy el diablo!
Me lo quedé viendo: este diablo era muy sexy, pero estaba más solo que un poeta en la bolsa de valores.
-No me das miedo, diablo, le dije, -pareces un diablo bastante inofensivo
-Lo soy, me contestó con un suspiro -¿que diablo se bancaría la humillación de encontrarse travestido en una vidriera cualquiera vendiendo lencería y estilettos?
-Creo que ninguno, le contesté -por lo general los diablos son muy malos, y decime... ¿te pagan?
-Me pagan con cuotas de anonimato. La gente pasa, me encuentra así feminizado y se convence de que no existo... y ya se sabe que ésa es mi mejor táctica
-¿Táctica?... ¿para que?
-Para extraviarlos a todos y atarle sus almas en las tinieblas
-No parece que seas muy efectivo actuando desde esta vidriera, diablo
-No te creas, me tuteó, -extravío a los niños cuando se vuelven púberes y también a los viejos
-¿A los viejos?
-Sí, igual que los adolescentes, a los viejos les encanta masturbarse con mi imagen.
Nos quedamos en silencio. Como yo venía caminando desde Caseros haciendo fotos de todo lo que me interesaba, me pareció apropiado hacerle una foto a este diablo travestido... entonces le pregunté:
-Decime, diablo... ¿te puedo hacer una foto?
-Con una condición
-¿Cual?
-Que imprimas mi imagen y postrado me adores
-No creo que vaya a hacer eso, diablo
-Entonces morite
-Bueno, eso sí... a fin de cuentas morirse es sólo una cuestión de tiempo.
Saqué la cámara, apunté y le hice dos fotos. Luego me di media vuelta para irme y entonces el diablo, con una desgarradora voz que no era ni de hombre ni de mujer, me gritó:
-¡No te vayas, por favor, no me dejes sólo, que mañana es domingo y no abren!
-Lo siento, diablo
-¡No te vayas!, lloró, -¡humano de mierda!... ¡te odio!... ¡cuanto los odio!...
Me fui. Me encontré con mi chica en la esquina y seguimos caminando rumbo al restaurante.
Un rato mas tarde ella me preguntó:
-¿Con quién hablabas en esa vidriera?
-Hablaba con el diablo, le contesté.
-Mentiras, me dijo riendo, -si el diablo no existe.

domingo, 9 de febrero de 2014

Paradojas -por Effy Beth-

"Vuelvo a casa caminando desde la zona de mecánicos de la calle Warnes. Son las dos de la tarde y hace mucho calor. Voy siempre de la mano de la sombra, con algo de miedo de que alguien me diga algo. Ya pasé la peor parte, falta poco.
Justo veo en la vereda un grupo de hombres instalados, algunos de pié y otros sentados con la camiseta de fútbol o en cuero, con cervezas; son como diez.
Decido aguantar la respiración, y atravieso con miedo fugaz entre ellos como en el final de "Los Pájaros" de Hitchcock, con miedo de ser atacada. Salgo ilesa de la situación, ni una mirada, ni una palabra, ni una risa... pasé desapercibida.
Doy dos pasos y me cruzo de frente con dos chicas de unos dieciocho años. Una de ellas, la más cercana a mí, me dice al pasar: "PUTO", con odio y con burla. Se ríen.
Llego a casa".


Más acerca de Effy Beth:
http://www.effymia.com/
http://www.effybeth.com/