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lunes, 18 de agosto de 2014

La misma enfermedad que todos

Marcelo terminó temprano con sus alumnos de guitarra y salió a caminar rumbo a Ramos Mejía. Necesitaba un nuevo juego de cuerdas para la criolla, y también necesitaba pensar. 
Estaba preocupado. Los últimos días se había despertado muy angustiado, con una fuerte opresión en el pecho y con todo el cuerpo bañado en sudor. No es que tuviera un problema serio en particular, sino que el ramillete de pequeños y habituales problemas que le quitaban la paz y el coraje también le minaban la facilidad del buen vivir.
Salió de su casa en Mitre y Rosas y fue bajando hacia el sur en una escalera lo más parecida al azar. A dos cuadras pasó por la puerta de la casa de Raúl, el amigo de su infancia que su madre tanto detestaba. Su madre...
Ella, o su juicio, era uno de los pilares de su frustración. Sin dudas su madre lo amaba, pero sostenía que él era un fracasado, un talento desperdiciado, incluso había tenido el descaro de decírselo en la cara, luego de aquel recital en el geriátrico sefaradí.
Y lo mismo su hermano el arquitecto... si bien lo amaba también, ignoraba todo lo que tenía que ver con su vida, con sus deseos y sus esperanzas, y eso era porque él no cubría sus expectativas. Marcelo creía que ellos no lo amaban a él en realidad, sino a un Marcelo imaginario que se habían construido a medida de la proyección de sus deseos.
Y ese Marcelo por ellos proyectado le resultaba tan inalcanzable, tan ajeno, que lo llenaba de desesperación. Le hubiera gustado ser el otro, le hubiera gustado tener esa pasta para el éxito, esa audacia y esa ambición... pero su personalidad no era así, muy por el contrario, a él no le interesaba ese éxito mundano, a él le interesaba estar en paz, amar a su mujer, reír con sus amigos, disfrutar de las cosas simples... nunca se había sentido atraído ni por el lujo ni por la ostentación. Marcelo sentía que era más facil ser feliz siendo un tipo sencillo... sin embargo no era feliz, porque vivía preocupado.
Siguió caminando rumbo a su destino, dejó Álzaga, dobló en Cochiararo y pasó por la puerta de la iglesia evangélica que sus alumnos Jorge y Graciela llevaban adelante... ellos sí eran verdaderos cristianos, con esa fe férrea que alejaba todas las dudas de un saque. En cambio su cristianismo oscilaba entre la gracia y la culpa con una lamentable sinuosidad de camino de tierra. Si Jesús era el camino, él se sentía cuneta, o peor, la zanja al costado, hundida, detenida, pudriéndose al sol.
Y estaba también el asunto de su carrera. Le faltaba un año para llegar a los cuarenta y aún no se había recibido de nada. Le faltaban dos años para terminar el profesorado de música, dos años eternos viajando al microcentro, dos años de cemento y de asfalto, de ruidos liminares, de ríos de hormigas humanoides, de calles y autopistas, de humos de motores chillando obscenidades a explosión, de sirenas de muerte, de trenes atestados, de marea humana... y de exámenes-concierto que lo anulaban hasta el temblor. No, éste no era en verdad un mundo tan hermoso.
Llegó a la plaza de Ramos Mejía y entró a rezar en la catedral. Se arrodilló en el último asiento y rezó así:
-Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador. No merezco ser llamado hijo tuyo, no merezco ser llamado ni siquiera sobrino tuyo, y mi deuda es impagable.
Lloró en medio de la plegaria.
Luego salió de la iglesia, pretendiendo estar renovado. Le faltaban cinco cuadras para la casa de música. Se calzó el mp3 en los oídos y le dio play al cuarto disco de los Cure.
Enfiló para las vías mientras tarareaba "One hundred years" casi sin escucharse.
Y mientras cruzaba las líneas paralelas de los rieles tampoco escuchó el silbato del guardabarrera que lo prevenía de la mole, ni la bocina del tren rápido que ya llegaba raudo rumbo al lejano oeste, todos los sonidos del mundo real ocultos detrás de las guitarras desenfrenadas de Robert Smith y los bajos redondeados de Simon Gallup.
Pasó el tren como una sierra kilométrica y un instante más tarde todos sus problemas se habían terminado.
Y los bomberos que juntaron los pedazos de su cuerpo en dos bolsas grandes y negras jamás hubieran sospechado que ese muerto, que parecía y que estaba tan muerto, había padecido, sólo un rato antes, de la misma estúpida e intangible enfermedad que ellos se habían contagiado, como él, de boca de sus padres y de sus maestros de escuela y de los curas y de la radio y de la televisión.

domingo, 16 de marzo de 2014

Un análisis y una traducción de "Just like heaven" de The Cure

Un par de horas atrás intenté una traducción de "Just like heaven", de los Cure; encontré una toma perdida en el disco duro hecha un mes atrás mientras caminaba por las calles de Villa Luro, foto que me resultó apropiada para publicar en el Jonás de Blogger, y se me ocurrió que en vez de escribir un texto para la ocasión, podría pegar la letra del track original, pero en castellano.
Menudo problema.
La canción, escrita por Robert Smith en 1987, es un sueño, es decir, el cantante de The Cure arranca soñando -es sabido por sus fans que Smith suele componer canciones con sus sueños, lleva siempre una libretita al lado de la cama, dice él-.
Empieza entonces con un diálogo onírico entre él mismo y "ella", sin nombre ni más datos que su volátil promesa de "escaparse con él":

"Muéstrame como haces ese truco, el que me hace gritar -ella dijo-, el que me hace reír -ella dijo-, y giró sus brazos alrededor de mi cuello; muéstrame cómo lo haces y te prometo que me escaparé contigo, me iré contigo."

Hasta acá, hermoso y sencillo... aún no se descubre que Smith está soñando, sino que se encuentra embargado hasta la coronilla en una relación amorosa de lo más mágica y preciosa, y sin embargo, peligrosa... peligrosa, primero, por la sensual imagen de "ella" girando los brazos alrededor de su cuello -uno se la puede imaginar tan extremadamente bella como seductora-, y después, por la burbujeante promesa -"te prometo que me escaparé contigo"-... promesa e imagen que, juntas, vienen a desencadenar inevitablemente la sospecha de la imposibilidad de dicha compartida y de fatal desenlace.
La canción continúa de este modo:

"Girando al filo de ese vertiginoso abismo, besé su rostro y besé su pelo, y soñé con todas las diferentes maneras que tenía de hacerla brillar"

Aparecen entonces dos metáforas y, luego, la realidad del sueño: el "abismo" que puede ser del amor, o del mar, del acantilado, del sueño, del miedo de amar, del miedo a perder el amor o perder la capacidad de amar... etc; y "hacerla brillar", esto es, enamorarla hasta hechizarla, volverla loca, embrujarla hasta lograr poseerla para siempre... nótese que el trasfondo emocional de todo el asunto en esta canción es el superlativo deslumbramiento de Robertito y el temor de perderlo todo, de resultar finalmente sólo y sin "ella".
Y luego:

"¿Porqué estás tan lejos? -ella me preguntó-
Porque nunca sabrás que estoy enamorado de ti, enamorado de ti."

Obviamente Smith sufre de un miedo casi paralizante... está tan deslumbrado por ella y tiene tanto temor de perderla que no se atreve a expresar su amor... tal vez porque no tiene el valor de reconocer, frente a él mismo, lo perdidamente enamorado que se encuentra... una zona de riesgo tan dichosa y tan dolorosa al mismo tiempo. Hasta tal vez Robert piense que no la merece... y remata, entonces, con el estribillo, que reafirma su deslumbramiento liminar y cuasi religioso:

"Tu, suave y única; tu, perdida y sola, extraña como ángeles bailando el el océano más profundo, danzando en el agua como un sueño."

La idealización es perfecta y total... y como todos sabemos, en este mundo imperfecto por ley, lo perfecto está condenado a morir, a desintegrarse y desaparecer.
Y aquí en este punto, esta bella canción pasa del mundo onírico a la realidad cruda, y lo hace con una frase que es tan hermosa y delicada como difícil de traducir:

"Daylight licked me into shape"

"Licked" es "lamer", como cuando el perro nos despierta pasando su lengua por nuestra cara, y siempre es un sobresalto; pero acá lo que "lame" ni es un perro, ni una lengua, sino la luz del día, que sobresalta a Robert porque lo despierta, pero ese sobresalto es, en este caso, traumático, porque se acaba el sueño, y se acaba "ella" y se acaba el amor... luego, "into shape", viene a ser "en una forma", esa forma que regresa porque regresa la realidad, ahora Smith ya no sueña, ahora tiene un cuerpo otra vez, un cuerpo con forma, un cuerpo vivo y despierto; podría entonces traducirse la frase de este modo:
"La luz del día me lamió y me puso en forma",
pero esta traducción es muy desafortunada porque no expresa la riqueza de su totalidad; tal vez mejor sería:
"Lamido por la luz del día, me desperté sobresaltado"
La verdad es que es bastante imposible mantener el ritmo y la economía del inglés en una frase castellana.
Remata el final, entonces:

"Lamido por la luz del día, me desperté sobresaltado; debo haber dormido por días, y moviendo mis labios para respirar su nombre, abrí mis ojos y me encontré solo, solo, solo sobre un mar enfurecido, el mar que me robó a la única chica que amé, sepultada en el interior de mi alma"

Ese mar "ladrón", enfurecido, también es una bella metáfora... la vida, el desencanto ante la falta de control, ese río que pasa a nuestro lado y arrasa irremediablemente con las cosas y las personas que quisiéramos poseer cerca para siempre, y que sin embargo se van para no volver.
En fin, acabo de pensar que tal vez toda la canción sea, también, una metáfora de la vida... la vida que se nos escapa entre los dedos como se escapa el agua, como se escapa la arena, como los años que vuelan hacia un pasado perdido e inasible como el fallido tiempo del reloj.
Y el final:

"Tu, suave y única; tu, perdida y sola, tu, exactamente como el cielo"

"Exactamente como el cielo"... perfecto y puro, el paraíso, y a fin de cuentas, imposible, condenado a la muerte y a la disolución.
Y en el fondo, un engaño, una mentira también; ya que todos perdemos a la vida y a todos los que amamos, sin embargo, ésta nunca agota nuestro amor, nunca dejamos de amar, siempre, con ese ritmo de las olas del mar que retornan a la costa una y otra y otra vez, volvemos a empezar... y así hasta el fin... "This is The End"...