Mostrando entradas con la etiqueta sasha grey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sasha grey. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de junio de 2014

Ecos de una tormenta

Acabo de llegar, nuevamente estoy aquí, medio de moscato frío, hielo, chica fugazetta rellena. Una mujer sola me observa con sospecha.
 La oscuridad me rodea y brota también desde mi pobre corazón. El sentimiento es de inutilidad extática, muerta. También siento que soy maldito y malvado, y que necesito que vos también me odies.
Pienso en todo lo que doy: mi entrega, mi tiempo, mi esfuerzo; pero también vos me has dado tu entrega y tu tiempo y tu esfuerzo, solo que vos no estás bien, caés y caés, y ahora yo te acabo de dar un buen empujón hacia el abismo.
 No importa lo que se haga, siempre se equivoca el camino, el tiempo, la palabra. No importa el esfuerzo que se dedique al amor, las cosas resultan solo como tienen que hacerlo más allá del esfuerzo personal. Y hay una tensión vigilante en el caso de querer ayudar al otro que resulta en violencia, porque el otro es como es, como uno, como todos.
 El sexo es hermoso pero también puede ser un modo de probar algo, una herramienta. Se puede probar que uno no es un ser inseguro –aunque lo sea- se puede probar que uno ama a esa persona –aunque no ame- y que uno se entrega –aunque no-.
El sexo es también, más allá de su belleza, un tirano. Pero es curioso porque no es naturalmente así sino que lo transforma en ello el pensamiento. Casi lo mismo sucede con el dinero.
Y también puede ser lo más horrible del mundo, cuando se hace triste y por obligación.
 ¿La libertad? Para ser libre tendría que serlo primero de mi pensamiento, y con ello cae la mirada ajena, y con ello cae el miedo, y con ello cae la necesidad y con ello cae la envidia y con ello cae la tristeza y con ello cae la inmovilidad.
Para ser libre tengo que poder, como Jacob, enfrentarme a Dios mismo y luchar por mi vida como si luchara por el aire que respiro y el agua que bebo.
 Tengo miedo de morir, primero. Luego de morir solo, y también de morir equivocado. Hoy siento que si muero estoy equivocado y solo. También existe el miedo al fracaso, a la invalidez, a entrar en un camino sin retorno, miedo a perder la fe.
Cuando me siento un impostor o un maldito, como hoy, las cosas que me rodean, los árboles, los sonidos de domingo, son mucho más claros e indiferentes.
Yo quiero que vos me admires y me rompo el alma por ello… y solo resulta esto: que vos no me admirás y que mi alma está rota.
 El sonido de la sirena me golpea y me da temor. De morirme, de que te mueras, de que me peguen un tiro, de que te violen, de torturas y maltratos estatales.
También escucho los otros ruidos, los motores de los autos, un conjunto de voces heterogéneas que viene y va, un avión en lo alto, la bocina del tren. Y el perro del vecino que ladra sin parar porque está solo.
¡Cuanta gente viviendo al mismo tiempo!, gente sintiendo su vida tan importante como yo siento la mía, con penas y alegrías, con tristezas y desgarros, con sexo, con problemas de guita... y todos, sin excepción, con un pie en la tumba.
Y veo pasar dos hormigas negras caminando lentamente por la reja de la ventana a cuarenta centímetros de mi brazo escribiente. Y devoran la enredadera. Y son devoradas.
 ¿Cómo seguir? ¿Qué papel me toca? Bien, primero debería empezar a pensar en mí, dejar de beber hoy mismo, levantarme temprano, aprovechar el día.
Concentrar mi esfuerzo en lo que hago: la música. Entrenarme, como lo hacía antaño, antes del alcohol.
Bajar de peso es fundamental, cuidar la voz, engancharme nuevamente en el orden y la disciplina, con perdón de la palabra.
Entonces suena el teléfono (o no) y la voz quebrada del amigo (o el pensamiento) y el dolor y las palabras y el rito: una mesa y dos sillas (o sólo una) y la palabra (o el silencio) y dos vasos (o sólo uno) y una grande calabria (o una chica calabria) y un litro de moscatel frío (eso sí!) y más y más y más. Y eso también.
 Ahora estoy en la universidad y viene la hora de matemáticas, la primera luego de veinte años.
La sensación es la que se siente cuando se pierde el tren y se sabe que sí o sí se llega tarde, pero estoy comenzando una nueva carrera y estoy lleno de entusiasmo, aparte del miedo y del sentimiento de incapacidad.
 ¿Qué es la envidia? ¿compararse? ¿y al hacerlo sentirse menos? ¿y cual es el punto exacto en el que todas las cosas están en reposo y cual es el punto en el que vibran con su máxima energía?
Es como el tamaño del pene. Los que lo tienen chico dicen que lo que importa es el modo; los instrumentistas mediocres dicen que lo importante es transmitir, no tocar el piano o la guitarra como un animal.
Me quedo con los primeros,  pero claro, yo soy una mediocre guitarrista y tengo el pene chiquito, y siento envidia.
 Hay músicos y fotógrafos y pintores y literatos en los cuales los sonidos y la imagen y los colores y las palabras son un pretexto para la exposición de la perfección técnica.
 A veces me calientan esas minas de la red que revientan de tetas y de culo y de labios y de piernas enfundadas en nylon y de portaligas y corsets y tacones de seis pulgadas, pero siempre, cuando terminamos de coger, siento que sos la única que quiero y necesito , y que sos lo mejor que me pudo pasar, y que tu piel es mi casa, mi fueguito encendido, mi poesía personal.
 La magia es Dios hecho materia. Es la bici, el porro, tu piel, las lágrimas, el viento, la computadora, el mar, el asado y las brasas, el vino y la misa, el dolor de la abstinencia, la muzarella que se derrite en el horno mientras descorchamos otra botella, mientras hablamos palabras que suceden porque Dios se volvió electrón protón y neutrón.
 Anoche hicimos unas pizzas, tomamos  moscato y bebimos unas birras, también vimos películas. También hablamos, discutimos y peleamos, y el alcohol nos obligó a ir a dormir sin saludar.
Hoy al mediodía regresamos con una sonrisa… cuando no hay falta de respeto no hay problema, se puede discutir y disentir, finalmente es un enriquecimiento.
Luego te fuiste a ver a tu papá y me quedé solo viendo un film de Sasha Grey...

domingo, 17 de noviembre de 2013

El destino infernal de Sasha Grey

Desde el principio he soñado con tener a mi lado una hembra como Sasha Grey.
Como ustedes saben, desde mi expulsión de lo alto mi única ocupación ha sido extraviar a los hombres, hundirlos en la miseria, ahogarlos en el vicio para lograr finalmente arrancarles el alma mediante algún vil y astuto engaño.
Y Sasha ha sido mi mejor inversión.
Entré en ella cuando cumplió los dieciseis; un padrastro acosador y una madre ausente crearon la condición necesaria.
En la desdicha y en la soledad caen todas las barreras... Sasha no fue la excepción.
Deberían experimentarlo... estar acurrucado en el interior caliente y húmedo de una bella y joven criatura como ella, tan inocente y tan potencialmente malsana; es tan fácil para mí oscurecer esos débiles y femeniles brillos fatuos.
Dos años más tarde hice que entrara al set y filmara con Rocco... éste se sintió perturbado cuando la frágil Sasha le pidió un puñetazo directo al estómago mientras le practicaba su fellatio demencial marca registrada.
Desde aquí y en adelante, tras cientos de películas, llegaron la fama y los millones -es lo primero que le otorgo a mis víctimas, lo tengo permitido-, y a la vez que la blanca piel de Sasha Grey ascendía en la popularidad de los medios especializados, su interior se desbarrancaba como una espiral descendente rumbo a la disolución espiritual.
Al mismo tiempo -todo fue muy rápido en la vida de esta niña- llegaron las drogas, las prácticas sexuales escatológicas, la violencia, la polisexualidad y la encarnecida burla hacia todo lo que se entiende por sagrado -quiero aclarar que no tengo especial empeño en que mis víctimas enfrenten a mi antiguo patrón, pero todas ellas terminan blasfemando del amor... es casi matemático-.
Una noche, luego de horas y horas de excesos liminares junto a sus insaciables amigos, se cortó la carne, juntó su sangre en un jarrón y junto a una vela negra de rodillas me invocó.
No sólo renunció a su alma, sino que hasta sintió algo parecido a la dicha por la posibilidad de llegar a ser mi puta en los infiernos.
Luego le perdí el rastro... ¿que podía importarme su corta vida si ya era mía?
Pasaron los años y se acumularon los desvaríos, y tal vez algo la asustó porque a los veintitrés dejó el porno y grabó un disco intrascendente. Luego escribió una novela.
También hizo cine, con magros resultados artísticos.
Finalmente pasó lo que suele pasar en estos casos... un pinchazo de más en medio de una orgía, una equivocación en la dosis... y se murió.
El joven corazón estallado de tanta química y tanto exceso.
Entonces subí, la atrapé en pleno vuelo y me la llevé derechito para mi casa, el Castillo Pandemonio.
Mi perro el Can Cerbero la esperaba meneando la cola, y no bien llegó se la montó.
Creo que entonces Sasha entendió el significado de "el gusano roe y roe sin sosiego"... tanto ardor sintió con el perro, tanto e imposible de saciar.
Ahora yo me divierto viéndola copular con mis súcubos en un estado de total desesperación. También suelo torturarla hasta despedazarla en sanguinolientos fragmentos, luego la recompongo y la vuelvo a torturar.
Me apasiona escucharla chillar por el espanto.
Aquí, en los infiernos, Sasha aprendió a llorar de pena.
Y conoció, finalmente, el arrepentimiento por sus culpas.
Pero es tarde.
Ahora ella me pertenece, y así será por toda la eternidad.