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viernes, 24 de febrero de 2017

Pesadilla futura

El jefe de la banda era un demonio. Desaparecía, aparecía y cambiaba de aspecto a voluntad... la voz, la piel, el tamaño, el color de ojos. Johnny –ese era su estúpido nombre- tenía dos lugartenientes humanos, y una joven mujer, tan hermosa como de pocas luces, era la primera de una multitud de seguidores. La secta jugaba al terror, pero no sólo con los “limpios”… saqueaban una ciudad, buscaban un sitio en las afueras, una fábrica abandonada o una antigua iglesia, y juntos convivían. Allí Johnny se regodeaba aterrorizándolos: desaparecía durante horas para aparecer de repente, los ojos rojos encendidos, la cara deformada en muecas de horror, el cuerpo hediendo como mil cadáveres. Lograba que sus espantados fieles, del susto, soltaran los esfínteres. Otras veces también los atacaba: luego de lacerarlos hasta el martirio los convertía en demonios como él, pero no les permitía el histrionismo.
Increíblemente la chica nunca se asustaba, por el contrario, reía. La joven festejaba cada aparición fantasmal de Johnny, cuanto más horrenda, más fuerte sus carcajadas.
Un día Johnny atacó a Munny, su primer lugarteniente. Éste, convertido en súcubo y extasiado por el placer de serlo, atacó sexualmente a la chica. Se acercó a ella como un rayo y le amasó descaradamente las tetas. Luego le metió la hinchada lengua rosada en la boca y empujó hasta el fondo; después le dijo:
-¡Que placer manosearte siendo un diablo, putita... ¡Ahhh!... uno de estos días voy a venir con dos o tres más y te vamos a agarrar entre todos-
Pero a la chica no le gustó lo que Munny le decía, y menos le gustó el repugnante sabor amargo que le había dejado en la boca. Sin mostrar una pizca del asco y el terror que la asaltaba, le contestó:
-No, Munny, por favor, vení cuando quieras, pero vení solo, vení solo vos, Munny...-
Así pasaron los meses. En el mundo ya no había ley y cada cual hacía lo que le venía en gana. La secta, rodando de pueblo en pueblo, mataba y violaba, saqueaba y destruía.
Los excesos de Johnny ya habían convertido a la mitad de sus seguidores en demonios, y un día, totalmente descontrolado, atacó a su segundo lugarteniente. Convertido éste en trasgo, decidieron ir los tres por la muchacha. Se aparecieron por su habitáculo cargando un gran paquete dorado. Johnny entró primero, y alcanzándole el paquete, dijo:
-Hola, mujer, te trajimos un regalo: probátelos ahora mismo-
La chica, temblando, abrió el paquete bajo la atenta mirada de los tres monstruos: dentro de una caja brillaron un par de stilettos rosados, charolados, altos como rascacielos. Se los calzó, entonces los tres demonios atacaron: la sometieron de mil modos, la maniataron y enmudecieron, la humillaron sin tregua hasta romper sus contenciones, y entonces la obligaron a tomar lo derramado. Los tres malignos cambiaban de apariencia mientras lo hacían, de un horror a otro, mutaban y chillaban con fortísimas voces de ultratumba sobre el apagado y lastimoso llanto de la mujer.
El mismo Johnny, que por sobre todo se deleitaba en su propia perversidad, empujaba y repetía hasta el cansancio: “¿no te reís ahora, puta?"
No la mataron, tampoco la convirtieron en demonio. Un mes más tarde la joven comprobó su estado de embarazo, y los tres diablos se la llevaron a vivir a su cueva.
Ocho meses más tarde, parió: los tres bautizaron al crío con sangre, y lo llamaron “Anticristo”, no porque lo fuera, sino por el regocijo que este nombre les provocaba. Acto seguido, lo alimentaron con su primer comida: carne humana.
A la madre, al otro día de parir, la echaron de la cueva a patadas.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La muerte de Barbie en manos de la turba

La encontraron en un terreno baldío, en las afueras de Beverly Hills.
Estaba derrumbada entre pastos secos, cerca de un hormiguero gordo y abultado; el pelo platinado grasiento y pegoteado sobre el perfil izquierdo y mudo, la pierna derecha cruzada sobre la espalda en un ángulo grotesco, la piel morada y rancia en un puzzle de hematomas.
Dicen que todo empezó con las dos bombas en Japón... seguramente el odio y la sed de venganza por doscientas mil personas exterminadas en segundos no es un factor despreciable, ni siquiera a nivel energético.
Otros aseguran que el asesinato de JFK fue el primer indicio de la escalada de violencia contra el Imperio y sus íconos.
En realidad nadie sabe el porqué de tanto salvajismo volcado sobre la desproporcionada e irreal blonda aburrida y letánica.
La resolución del secreto tal vez se halle en las lluvias de napalm sobre el territorio vietnamí o entre las amazónicas selvas arrasadas de Corea; puede que la respuesta esté sellada entre los muros helados de los saqueados museos de Bagdad o en las arenas infernales de Afganistán y sus cielos estallados con bombas de racimo.
Algunos, entre susurros, hablan de Waco... la secta de los davidianos y sus niños inmolados por el fuego marine.
Otros conjeturaron la contaminación por galio que sufrió Rajneesh en su espalda mientras esperaba en prisión y que terminó por llevarlo a la tumba con un coglomerado grisáceo de tumores vertebrales paridos directamente desde el FBI.
Es sabido que la catarsis de la turba es pura como la nieve que cae, y que el consenso de muchos convierte el asesinato en una obra ejemplar.
Y así sucedió con Barbie.
La agarraron cuando salía para el shopping... Ken, lagrimeando, declaró que iba por una una dona light hacia el local de McDonalds.
La atraparon en la calle y la subieron a la caja de un camión... algunos testigos aseguran que ya al principio los vándalos eran más de cien.
No se sabe bien que sucedió dentro del semi, sólo se sabe lo que la autopsia leyó en su cadáver.
Lo cierto es que la escultural rubia desapareció varios días. Mientras tanto, el mundo occidental y civilizado, atento a estas cuestiones de imagen, permaneció en ascuas.
Los forenses, luego de examinar el cuerpo masacrado, revelaron algunos detalles de lo macabro: los golpes con objetos contundentes y las torturas reiteradas, la gran profusión de fluidos sexuales entre los jugos gástricos, los curiosos -y numerosos- elementos punzantes hallados en la profundidad cavernosa del tubo intestinal... y las incontables vejaciones sucedidas antes y después de acaecida la muerte.
En su cuerpo contaron más de sesenta puñaladas, y más de la mitad de ellas  ocultaba restos seminales.
Una versión, que atribuyen a una organización pseudo religiosa, reza que la muerta no era la Barbie original, sino su clon número tres.
No pocos conectaron el crimen con el derrumbe de las torres gemelas en el año dos mil uno.
Desde la cárcel, Charles Manson, siempre sonriente con la esvástica en la frente, se apresuró a deslindar a su grupo, y a el mismo, de toda responsabilidad por el asesinato, aunque admitió haber sentido una gran frustración por no haber estado allí.
La CIA cree que elementos terroristas ultra islámicos están detrás del hecho, y lo mismo opinan en los cuarteles del MOSAD, aunque los países árabes hacen mutis por el foro.
Finalmente la enterraron un domingo soleado con una sentida ceremonia cristiana; el servicio religioso fue a féretro cerrado.
Dicen, los que asistieron, que el lunch estaba exquisito.
Mesas con servilletas color rosa y masitas bajas calorías.
Hacía calor.