Me encontré
con el diablo mientras caminaba por Ballester rumbo al gulash de "La
Hungaria".
Como aquel
que ganaba la vereda de la lejana y caliente Villazón, este diablo era un
diablo femenil,
y estaba
detenido, de pié, en una vidriera cualquiera.
Al principio
sentí temor, pero luego su cara de desconcierto y su evidente soledad convirtió
ese miedo en lástima.
Me acerqué.
Este diablo de labios morados y enrulada cabellera marrón vestía una capa roja
-de diablo, claro- un par de cuernos muy rojos brotaban de su coronilla y,
debajo de la capa, lucía un ajustado portaligas negro con medias bucaneras de
anchas puntillas.
Llevaba
tacones muy altos en los pies... y un precio en cada prenda.
-¡No te
acerques!, me gritó en un siseo viperil -¡soy el diablo!
Me lo quedé
viendo: este diablo era muy sexy, pero estaba más solo que un poeta en la bolsa
de valores.
-No me das
miedo, diablo, le dije, -pareces un diablo bastante inofensivo
-Lo soy, me
contestó con un suspiro -¿que diablo se bancaría la humillación de
encontrarse travestido en una vidriera cualquiera vendiendo lencería y
estilettos?
-Creo que
ninguno, le contesté -por lo general los diablos son muy malos, y
decime... ¿te pagan?
-Me pagan
con cuotas de anonimato. La gente pasa, me encuentra así feminizado y se convence
de que no existo... y ya se sabe que ésa es mi mejor táctica
-¿Táctica?...
¿para que?
-Para
extraviarlos a todos y atarle sus almas en las tinieblas
-No parece
que seas muy efectivo actuando desde esta vidriera, diablo
-No te
creas, me tuteó, -extravío a los niños cuando se vuelven púberes y
también a los viejos
-¿A los
viejos?
-Sí, igual
que los adolescentes, a los viejos les encanta masturbarse con mi imagen.
Nos quedamos
en silencio. Como yo venía caminando desde Caseros haciendo fotos de todo lo
que me interesaba, me pareció apropiado hacerle una foto a este diablo
travestido... entonces le pregunté:
-Decime,
diablo... ¿te puedo hacer una foto?
-Con una
condición
-¿Cual?
-Que
imprimas mi imagen y postrado me adores
-No creo que
vaya a hacer eso, diablo
-Entonces
morite
-Bueno, eso
sí... a fin de cuentas morirse es sólo una cuestión de tiempo.
Saqué la
cámara, apunté y le hice dos fotos. Luego me di media vuelta para irme y
entonces el diablo, con una desgarradora voz que no era ni de hombre ni de
mujer, me gritó:
-¡No te
vayas, por favor, no me dejes sólo, que mañana es domingo y no abren!
-Lo siento,
diablo
-¡No te
vayas!, lloró, -¡humano de mierda!... ¡te odio!... ¡cuanto los odio!...
Me fui. Me
encontré con mi chica en la esquina y seguimos caminando rumbo al restaurante.
Un rato mas
tarde ella me preguntó:
-¿Con quién
hablabas en esa vidriera?
-Hablaba con
el diablo, le contesté.
-Mentiras, me
dijo riendo, -si el diablo no existe.

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