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jueves, 26 de febrero de 2015

Un diablo en la vidriera

Me encontré con el diablo mientras caminaba por Ballester rumbo al gulash de "La Hungaria".
Como aquel que ganaba la vereda de la lejana y caliente Villazón, este diablo era un diablo femenil,
y estaba detenido, de pié, en una vidriera cualquiera.
Al principio sentí temor, pero luego su cara de desconcierto y su evidente soledad convirtió ese miedo en lástima.
Me acerqué. Este diablo de labios morados y enrulada cabellera marrón vestía una capa roja -de diablo, claro- un par de cuernos muy rojos brotaban de su coronilla y, debajo de la capa, lucía un ajustado portaligas negro con medias bucaneras de anchas puntillas.
Llevaba tacones muy altos en los pies... y un precio en cada prenda.
-¡No te acerques!, me gritó en un siseo viperil -¡soy el diablo!
Me lo quedé viendo: este diablo era muy sexy, pero estaba más solo que un poeta en la bolsa de valores.
-No me das miedo, diablo, le dije, -pareces un diablo bastante inofensivo
-Lo soy, me contestó con un suspiro -¿que diablo se bancaría la humillación de encontrarse travestido en una vidriera cualquiera vendiendo lencería y estilettos?
-Creo que ninguno, le contesté -por lo general los diablos son muy malos, y decime... ¿te pagan?
-Me pagan con cuotas de anonimato. La gente pasa, me encuentra así feminizado y se convence de que no existo... y ya se sabe que ésa es mi mejor táctica
-¿Táctica?... ¿para que?
-Para extraviarlos a todos y atarle sus almas en las tinieblas
-No parece que seas muy efectivo actuando desde esta vidriera, diablo
-No te creas, me tuteó, -extravío a los niños cuando se vuelven púberes y también a los viejos
-¿A los viejos?
-Sí, igual que los adolescentes, a los viejos les encanta masturbarse con mi imagen.
Nos quedamos en silencio. Como yo venía caminando desde Caseros haciendo fotos de todo lo que me interesaba, me pareció apropiado hacerle una foto a este diablo travestido... entonces le pregunté:
-Decime, diablo... ¿te puedo hacer una foto?
-Con una condición
-¿Cual?
-Que imprimas mi imagen y postrado me adores
-No creo que vaya a hacer eso, diablo
-Entonces morite
-Bueno, eso sí... a fin de cuentas morirse es sólo una cuestión de tiempo.
Saqué la cámara, apunté y le hice dos fotos. Luego me di media vuelta para irme y entonces el diablo, con una desgarradora voz que no era ni de hombre ni de mujer, me gritó:
-¡No te vayas, por favor, no me dejes sólo, que mañana es domingo y no abren!
-Lo siento, diablo
-¡No te vayas!, lloró, -¡humano de mierda!... ¡te odio!... ¡cuanto los odio!...
Me fui. Me encontré con mi chica en la esquina y seguimos caminando rumbo al restaurante.
Un rato mas tarde ella me preguntó:
-¿Con quién hablabas en esa vidriera?
-Hablaba con el diablo, le contesté.
-Mentiras, me dijo riendo, -si el diablo no existe.

jueves, 3 de abril de 2014

Un poco de espanto en el mundo real

Me desperté en medio de la noche, lleno de temor. Hacía mucho calor para la frazada y había comido demasiado.
Una imagen y un sonido ocupaban mi mente: un juguete llegaba desde la oscuridad hasta los pies de la cama, girando sobre sus rueditas con unas campanillas coloradas que se encendían y se apagaban en el oscilante avance a fricción sobre el entrepiso de madera.
Pensé en un niño, y ese pensamiento me aterró: por un momento tuve la absoluta certeza de que había un niño al otro lado de la habitación.
Ese niño vestía traje negro, zapatos negros, camisa blanca y moño... parecía estar listo para el ataúd.
O, tal vez, ya había estado allí.
Entonces mi esposa, profundamente dormida a mi lado, comenzó a hablar con una voz que no era la voz de ella, ni la de su género, ni la de su registro vocal.
Sólo dijo una palabra: "tres"
La repitió: "tres"
La primera vez que la pronunció entonó un fugaz glissando desde la octava superior, en falsete, hasta la octava grave del barítono: "treeeeees"
En esa voz percibí, espantado, tanta mofa como antigua malicia.
La repitió unas diez veces, entonces la desperté. Un poco asustada por mi relato, recordó que soñaba con unos amigos... al parecer eran tres, o algo así.
Encendí la luz y miré el reloj: cinco y veinte de la mañana.
Preferí levantarme. Bajé, fui al baño, me preparé nos mates y me puse a estudiar historia.
Ahora amanece.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Fantasmas

Han visto fantasmas entrando por la puerta de este hotel en el sur.
En Balvanera, dicen, hay muchos... más que en cualquier otro barrio de la ciudad.
Los fantasmas que habitan este hotel tienen cuerpos de género múltiple, son polisexuales, podríamos decir.
Por las tardes de lluvia se aparecen en las esquinas oscuras y muestran sus tetas a los pasantes.
Es común verlos casi desnudos yendo a comprar cigarros montados arriba de sus tacones amarillos.
Muchos vienen de lejos, de más allá de la frontera; dicen que suelen reír con ganas, pero están llenos de tristeza y de dolor.
Yo entré a fotografiar la puerta y enseguida uno de ellos me susurró algo en mi oído izquierdo, con una voz que era dos voces juntas, una voz femenil y otra más grave y oscura.
El fantasma me dijo:
-Es de lo más lindo ser total... nada hay más profundo que gozar en los límites, justo en donde se borran y se confunden los aciertos... ¿querés probar, papi?
Nada contesté... ya se sabe que no hay que contestarle al diablo.
Hice la foto y me fui.