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miércoles, 12 de marzo de 2014

Un nuevo integrante en la colección de los deseos más hermosos

Quiero subir a bordo de una alfombra persa tejida con las más finas hebras de verde canabiol,
y volar hasta Coroico.
Quiero ver la luz del otoño reclinar sobre los cerros,
quiero caminar en la humedad de sus senderos,
encontrar el agua que cae sola, helada y transparente,
mientras las horas se deslizan susurrando su derrota
hasta la muerte definitiva del tiempo del reloj.

Quiero despertar una mañana y verte en la ventana,
entre los choclos blancos que crecen hacia lo alto
y las florecidas ramas del índico que beben la energía directo desde el sol;
ese extraño alimento estelar que, más tarde, recorrerá mis venas embrujadas.

Y hay tierra negra entre tus dedos,
y una sonrisa en tu boca,
mientras las aves giran en círculos,
y se extienden las sombras.
Los planetas van poblando la bóveda nocturna y el concierto es una orquesta de pequeños seres alados que frotan sus instrumentos maravillosos desde el corazón de la noche y hasta que llega el amanecer.

Necesito una medicina llamada silencio,
una revolución sin objetivos ni necesidad...
pero esto es un deseo, y al fin y al cabo, otro deseo más...
un nuevo integrante en la colección de los deseos más hermosos.
Por eso, insisto:
quiero volar hasta las cumbres de Coroico,
a bordo de mi alfombra persa, tejida con hebras de finísimo canabiol.
Un vuelo altísimo entre nubes.
Juntos.