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jueves, 11 de febrero de 2016

Betty Boop en el infierno

Caminaba por Bonifacini, yendo hacia Lourdes, cuando me crucé con Betty Boop. Vestía un corsé negro, ajustado al cuerpo como un asesinato. En sus pies, botas negras de taco aguja subiendo hasta la mitad de las pantorrillas. Medias bucaneras de nylon con puntillas forrando sus blanquísimos muslos. Pestañas postizas kilométricas, labios pintarrajeados de un rojo furioso, aros tridente colgando de las orejas y una cola de diablita enroscada en el piso, asomando por detrás de su trasero (no quise saber desde que profundidades, no quise imaginar que tipo de adminículo se prendía a su cuerpo)
Por detrás, revoloteando un poco más arriba, el mismísimo diablo… camuflado como una inofensiva cajita de bombones en forma de corazón.
¿Que cómo supe que era el diablo?
Ya se sabe que el coludo es incapaz de disfrazarse del todo en ángel de luz. Menos de mantener esa forma. A veces lo traiciona un gusanito, o una caries, o un fétido hedor cloacal.
Esta vez fue su malvada y bífida cornamenta.
Me acerqué y observé a la pobre criatura. Reconozco que el contraste entre su inocente carita, su tremendo lomazo, la híper sexuada indumentaria que la cubría y la realidad de las llamas -eternas-, hizo que me pusiera un poco caliente.
Así de perturbado somos los hombres, así de caídos. El diablo, entonces, me habló desde su estúpido disfraz:
-No te compadezcas, humano, también es tu culpa.
-¿Mía?
-Sí, tuya, no te hagás el boludo.
-No te entiendo, diablo.
-¿Te gusta?
-¿Quién?, ¿Betty Boop?
-No, la madre Teresa ¡pelotudo!
-Ah, si, siempre me gustó Betty Boop.
-Te calienta, ¿no?, como a todos.
-Y… sí.
-Bueno, el asunto es que a la pobre chica se le pegaron los deseos sexópatas de varias generaciones de pajeros, y al final desbarrancó. Y ahora es mía.
-Bueno.
-¿Bueno?
-Y… sí… ¿que querés que haga, diablo? ¿que puedo hacer ahora por ella?
-Ahora nada, infeliz, como si yo quisiera que hagas… ¡como si ella quisiera!… ¡¡BETTY!!
Entonces Betty, respondiendo al rugido de Satanás, giró la cabeza, clavó sus ojazos negros en los míos y chilló un siseo de serpiente filoso como una navaja y helado como el acero:
-Desaparecé, mierda, que por fin tengo al macho que siempre soñé ¿quién te pide ayuda?, ¡pajero!, ¿no sabés que el carnero eyacula chorreadas de fuego?
Entonces, frente a mis ojos, el diablo se la montó. Mientras lo hacía llegaron varios súcubos que se prendieron de inmediato en el asunto, y hasta apareció el perro cancerbero, meneando la cola como si nada mientras babeaba por la boca y meaba un líquido blancuzco desde el pito duro.
Tan perversa y violenta se puso la cosa que hasta me dio vergüenza.
Entonces me di media vuelta y me fui; bastante apurado, la verdad, porque llegaba tarde a la misa de siete.

domingo, 17 de noviembre de 2013

El destino infernal de Sasha Grey

Desde el principio he soñado con tener a mi lado una hembra como Sasha Grey.
Como ustedes saben, desde mi expulsión de lo alto mi única ocupación ha sido extraviar a los hombres, hundirlos en la miseria, ahogarlos en el vicio para lograr finalmente arrancarles el alma mediante algún vil y astuto engaño.
Y Sasha ha sido mi mejor inversión.
Entré en ella cuando cumplió los dieciseis; un padrastro acosador y una madre ausente crearon la condición necesaria.
En la desdicha y en la soledad caen todas las barreras... Sasha no fue la excepción.
Deberían experimentarlo... estar acurrucado en el interior caliente y húmedo de una bella y joven criatura como ella, tan inocente y tan potencialmente malsana; es tan fácil para mí oscurecer esos débiles y femeniles brillos fatuos.
Dos años más tarde hice que entrara al set y filmara con Rocco... éste se sintió perturbado cuando la frágil Sasha le pidió un puñetazo directo al estómago mientras le practicaba su fellatio demencial marca registrada.
Desde aquí y en adelante, tras cientos de películas, llegaron la fama y los millones -es lo primero que le otorgo a mis víctimas, lo tengo permitido-, y a la vez que la blanca piel de Sasha Grey ascendía en la popularidad de los medios especializados, su interior se desbarrancaba como una espiral descendente rumbo a la disolución espiritual.
Al mismo tiempo -todo fue muy rápido en la vida de esta niña- llegaron las drogas, las prácticas sexuales escatológicas, la violencia, la polisexualidad y la encarnecida burla hacia todo lo que se entiende por sagrado -quiero aclarar que no tengo especial empeño en que mis víctimas enfrenten a mi antiguo patrón, pero todas ellas terminan blasfemando del amor... es casi matemático-.
Una noche, luego de horas y horas de excesos liminares junto a sus insaciables amigos, se cortó la carne, juntó su sangre en un jarrón y junto a una vela negra de rodillas me invocó.
No sólo renunció a su alma, sino que hasta sintió algo parecido a la dicha por la posibilidad de llegar a ser mi puta en los infiernos.
Luego le perdí el rastro... ¿que podía importarme su corta vida si ya era mía?
Pasaron los años y se acumularon los desvaríos, y tal vez algo la asustó porque a los veintitrés dejó el porno y grabó un disco intrascendente. Luego escribió una novela.
También hizo cine, con magros resultados artísticos.
Finalmente pasó lo que suele pasar en estos casos... un pinchazo de más en medio de una orgía, una equivocación en la dosis... y se murió.
El joven corazón estallado de tanta química y tanto exceso.
Entonces subí, la atrapé en pleno vuelo y me la llevé derechito para mi casa, el Castillo Pandemonio.
Mi perro el Can Cerbero la esperaba meneando la cola, y no bien llegó se la montó.
Creo que entonces Sasha entendió el significado de "el gusano roe y roe sin sosiego"... tanto ardor sintió con el perro, tanto e imposible de saciar.
Ahora yo me divierto viéndola copular con mis súcubos en un estado de total desesperación. También suelo torturarla hasta despedazarla en sanguinolientos fragmentos, luego la recompongo y la vuelvo a torturar.
Me apasiona escucharla chillar por el espanto.
Aquí, en los infiernos, Sasha aprendió a llorar de pena.
Y conoció, finalmente, el arrepentimiento por sus culpas.
Pero es tarde.
Ahora ella me pertenece, y así será por toda la eternidad.