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viernes, 1 de mayo de 2020

La ilusión en la tristeza

El miedo me quita las ganas de vivir, de disfrutar, de ser un genio.
¿Vivir es ser un genio? –me pregunto-
Sí, pero sólo en la publicidad… (¿quién responde a quién dentro de mi cerebro?)
“Pero la publicidad es todo”, me asegura en veloz contrapunto el insignificante demonio que, desde pibe, me incita al escape.
¿Y al escape de qué?... de todo: del amor y del desamor, del éxito, del fracaso, de los amigos y los enemigos. De la risa, del dolor y la euforia. De los vicios y de la pura y honesta hesiquía.
No de la tristeza. No me escapo de la tristeza, porque lloro –soy un llorón-, pero nunca lloro por tristeza. Y este demonio se regodea, como yo, con el ejercicio de ella. La tristeza nos regala, a los dos, la pueril ilusión de ser ciertos, de ser algo verdadero… algo, por sobre todo, permanente.
Y el llanto nunca es por tristeza: es tan sólo el pobre ego sufriente, desesperado ante la conciencia de su irremediable final.

Entonces escucho la silla correrse sobre mi cabeza, y los pasos que se ponen en marcha… apuro de un trago el vaso de moscato con hielo y cynar, y presto me pongo a freír las milanesas: mi compañera terminó su clase on line y ya baja por la escalera, lista para cenar.

sábado, 6 de febrero de 2016

Un compromiso con el eterno retorno

Recuerdo que corría el año 1998, final del gobierno de Menem. Yo era ferretero. La gente entraba a comprar un cuerito para canilla que durante meses costaba 15 centavos, sin aumentos, sin inflación. Me preguntaban: "¿cuanto vale un cuerito para canilla?"; y yo: "quince centavos".
"Ah", me contestaban; buscaban las moneditas en el bolsillo, contaban y luego: "bueno, gracias".
Se daban media vuelta y se iban... sin comprar el cuerito.
Ni hablar de vender una amoladora o una máquina de cortar el pasto: ciencia ficción.
Pero NO HABÍA INFLACIÓN.
Todos estábamos cagados de hambre, desamparados, asustados por tanta miseria, pero NO HABÍA INFLACIÓN.
Ahora estamos en 2016, y el presidente asegura que su mayor compromiso es, ante todos y contra todo, bajar la inflación.
Todavía no aprendimos que los índices no alimentan ni cotizan en la bolsa.